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Akademia Ruchu (La academia del movimiento): una retrospectiva en vivo

Con motivo del workshop dirigido por Zbigniew Olkiewicz, miembro de Akademia Ruchu, en la Escuela Internacional del gesto, el próximo 22 de Mayo, queremos presentaros parte de la trayectoria del grupo, centrándose en el intervalo que va de 1975 a 1982. Años, como sabemos todos, especialmente difíciles y grises en Polonia, y que AR logró inundar de arte, poesía, color. El texto que a continuación os presentamos fue escrito por Inés R. Artola con motivo de la inauguración en Balmaseda (País Vasco) de la exposición “Miradas: arte polaco contemporáneo”.

Olkiewicz, miembro de AR casi desde que fuera fundado Wojciech Krukowski allá por 1973, presentará el trabajo de este grupo pionero en Polonia en un sentido cronológico, efectuando así una suerte de relato histórico mediante el arte, ilustrando así la escena cultural en la que se movían así como el sencillo pero efectivo credo que perseguían. A caballo entre el teatro visual, de acción y la performance, Akademia Ruchu eludió la individualidad de los actores, prescindió de la palabra casi por completo, rechazó el discurso tradicional y en las personas que accidentalmente pasaban en el momento de sus intervenciones, econtró un público azaroso y, por eso, completamente sincero. Siempre críticos, siempre sutiles, sus trabajos son tanto un documento histórico como puramente artístico. Veamos algunos ejemplos.

Con AUTOBUS I (Varsovia, 1975) AR llegó al límite de la representación escénica: los actores, paralizados, escuchaban un ruido insoportable rozando el borde del sufrimiento ante la catártica mirada del público. Una propuesta radical e impactante que les colocó en un callejón sin salida ¿Qué hacer tras esto? El espacio escénico daba así muestras de sus limitaciones: AR dio el paso decisivo y salió a la calle.

AUTOBUS II (Wetlina, 1975), fue la primera acción realizada en exteriores en un inspirador objet trouvé: un autobús abandonado en una carretera comarcal. AR rendía así homenaje al famoso cuadro de B. W. Linke, un espeluznante y metafórico autobús plagado de personajes de un mundo que más bien era (¿es?) un inframundo. El público, a partir de entonces y casi siempre, comenzará a serlo de forma accidental: las acciones de AR aparecerán en espacios abiertos, muy a menudo sin previo aviso, buscando el encuentro fortuito del público con el arte. En este caso, los pasajeros de los coches que atravesaban la carretera y que veían al pasar este viejo autobús abandonado lleno de personajes petrificados. Una imagen fugaz clavada en la retina.

EUROPA (Varsovia, 1976) se basaba en el poema de mismo título escrito por A. Stern en los años 30. Un relato desgarrador de la sociedad contemporánea resumido en punzantes palabras que los miembros de AR portaban en pancartas. Las telas se abrían con energía, se acercaban rápidamente a la cámara , para luego ser estrelladas contra el suelo. Así, hasta completar todos y cada uno de los versos. Una lectura inquieta e inquietante. Poesía en movimiento burlando la censura.

HAPPY DAY (Varsovia, 1976) fue una acción de color. En pleno centro de la ciudad, en la calle de la universidad, atestada de viandantes, los actores aparecían de diversos puntos en un momento determinado ataviados con ropas de colores, eliminando fugazmente el gris: acá, una novia, allá un soldado de rosa, y así diferentes personajes. Sincronizados, y con la misma rapidez que surgían, volvían a esconderse y a devolver a la calle su tono neutro, pero ya diferente, como consciente del mismo….

POTKNIĘCIE (“Tropiezo”, Varsovia, 1976) era un registro en video de una zona transitada de la ciudad, en un punto de encuentro. El suelo, aparentemente liso, hacía tropezar a las personas en un mismo punto, a veces de una forma descarada, casi cómica. A la gente que allí se encontraba con este “fenómeno inexplicable” al principio le brotaba una sonrisa, luego se entablaba el diálogo. Qué extraño que un lugar tan plano provoque estas caídas…

TEATR MIEJSKI W ŁODZI (“Teatro local en Lódz”, 1977) fueron varias acciones diseminadas por la ciudad. La novedad, para el público de allí, era de nuevo el no saber cuándo actuaban ni qué pasaría exactamente. Una de las más poéticas y sencillas consistió en limpiar las ventanas de los vagones de los tranvías que se detenían en las paradas. Ventanas que nunca estaban limpias, porque nadie se tomaba la molestia de limpiar. Grises como el resto. Sucias porque tal vez no haya que mirar. El actor, desde fuera y sin hablar se aproxima al tranvía y empieza a limpiar cuidadosamente una ventana. La persona dentro, sentada, mira curiosa y finalmente su rostro parece que agradece esa “transparencia” inimaginable.

PIECHOTA (“La infantería”, Świnoujście, 1977) en una ciudad destino de vacaciones para familias obreras, AR diseñó una acción prolongada a lo largo de varios días. Tres estatuas que representan a una familia, en gris, aparecen un día en mitad de la calle, separados unos de otros: la madre, el niño, el padre. Poco a poco avanzan los días. Cada día se encuentran más cerca unos de otros. Los turistas comienzan a encariñarse con las estatuas. Llegan a limpiar el suelo alrededor, a tomarse fotografías con ellos. Se familiarizan, nunca mejor dicho, y esperan su siguiente movimiento. Pero el día planeado del encuentro familiar, se prohibió que las esculturas estuviesen en la calle. Era el día nacional. Tuvieron que reunirse, así, en un interior, dentro de una casa. La familia gris mira impertérrita por la ventana, encerrada, rodeada de banderas polacas y adornos.

TERRARIUM HOMINE ( Świnoujście, 1977) fue otra acción en esta ciudad de vacaciones organizadas por las fábricas del país. Esta vez se trató de “competir” con un carromato checo que traía como atracción en su interior la muestra de animales exóticos. Akademia Ruchu situó su carromato, su terrarium, justo al lado del checo. Pero en su interior, en lugar de animales, había personas. Personas, prototipos según su procedencia y profesión: allí permanecían sentados, comiendo, en silencio, hablando, fumando, durmiedo. El público, tras pagar la entrada, pasaba al interior de la furgoneta para poder admirarlos. Con el paso de los días resultó que esta caravana de AR tuvo más éxito y colas que la checa con sus animales. El hombre una rara especie de exposición, tal vez la que más.

CZERWONE I BIAŁE (“Rojo y blanco”, Varsovia, 1978). Durante el frío invierno varsoviano, cuatro miembros de AR diseñaron una sencilla coreografía a orillas del Vístula, en ese momento congelado, para las personas que, como todos los días, volvían en tranvía hacia sus casas. Cuatro personas abajo, corren a varios grados bajo cero sobre la nieve, portando dos bandas de colores, una blanca, otra roja. El encuentro fortuito con la poesía visual. Un público al azar que recibe un regalo un día cualquiera.

ENGLISH LESSON (Varsovia, 1982) es una acción de tiempos especialmente convulsos en Polonia. Con esta acción, Olkiewicz cerró su relato, no de modo casual pues, como en el principio, volvían a actuar en el escenario. Idénticos atuendos (alienantes trajes de chaqueta), sin palabras, música punk. En un desquiciante acelerando, repiten los gestos que compulsivamente se efectúan de modo inconsciente en el día a día. Vacuidad. Delirio gestual y musical.

Estas acciones de AR y las que siguen hasta la actualidad, a pesar de estar estrechamente unidas a los tiempos y al público, también los trascienden por su poesía y sencillez. No quedan exentas de sentido, a pesar del paso del tiempo. Y es que el arte, en cierto modo, es una forma de hacer política, una política que perdura.

Inés R. Artola (Málaga, 1979). Doctora en arte y musicóloga. Varsoviana de adopción desde 2004, compagina su labor docente con la crítica, la traducción y el comisariado de arte. En definitiva, se dedica a una de las primeras cosas que le enseñaron a hacer: leer, escribir y pensar (no necesariamente en ese orden). En artesvisuales.pl nos hablará mensualmente sobre lo que sucede en la escena artística actual en Polonia visto a través de una mirada extranjera

el actor y el cuerpo en movimiento

Primer workshop del año y primera alegría, 11 alumnos entregados y dispuestos para el trabajo actoral. Durante 8 días trabajamos en torno al cuerpo del actor y el movimiento. Movimiento en el espacio, en el tiempo, internos y externos, formas, gestos, acción-reacción, impulsos, relaciones espaciales…. Interpretación.

¿Por qué es importante el movimiento en la formación actoral? Esta fue la primera pregunta que lanzamos los profesores.

En teatro ningún movimiento debe ser mecanizado, todo movimiento es un gesto justificado. Justificar y dar un sentido dramático al movimiento, abordar la expresión del actor, partiendo del movimiento para descubrir su dimensión dramática y emocional es parte fundamental del desarrollo pedagógico de la escuela.

Partimos de la neutralidad, del equilibrio, de ese estado de disponibilidad, descubrimiento y apertura necesario como paso previo a la acción que siempre nos brinda la máscara neutra. La máscara neutra que se despierta, se despide y se reencuentra, que viaja a través de la naturaleza, que la descubre y la siente, que juega a identificarse con ella, a ser el río y la montaña, el mar y el bosque en llamas, el desierto y los valles . El inicio del viaje de la máscara neutra, que también es el inicio del viaje en la escuela, el inicio de la identificación, la trasposición dramática y la creación de personajes.

Y como telón de fondo el viaje de la inmigración, el éxodo humano, más cerca o más lejos de nuestros hogares, más dentro o más fuera de nuestras entrañas, pero que nos toca, nos conmueve y nos hace salir de nosotros para confrontarnos con el otro, para empezar el juego dramático de la vida, del teatro.

Pero volvemos al movimiento, siempre el movimiento, con su punto fijo, para descomponerlo, desmenuzarlo, analizarlo y vuelta a recomponerlo, a depurarlo y descubrir así su esencialidad, su economía.

El cuerpo humano, con sus movimientos y sus dinámicas, sus gestos y actitudes, como cuenco que recoge las emociones y los sentimientos de nuestros personajes.

Ya termina el viaje para todos; para unos pocos es solo el principio, los alumnos han viajado con nosotros y solo nos dejan una palabra justa y llena de sentido. GRACIAS

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