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Jacques Lecoq, el cuerpo y la máscara

Uno de los pedagogos más grandes de la escena universal muere en Paris el 19 de enero de 1999 a los 77 años de edad.

Jacques Lecoq ha sido lo que llamamos un maestro. Son raros aquellos que, como él, han abierto un camino inédito hacia lo desconocido; raros aquellos que han estudiado, analizado y acumulado con el único objetivo de transmitir.

“Jacques Lecoq es más que un profesor, es un maestro y, cosa rarísima, un gran pedagogo, es decir, aquel que abre un camino renunciando él mismo a seguirlo” dice Ariane Mnouchkine, directora del Théâtre du Soleil que estudió en su escuela en el año 1965. “Él está ahí  para recordar las leyes universales del teatro. Si éstas no se aplican no se hará más que literatura con un disfraz”

De una búsqueda concentrada en el estudio del movimiento  y su transmisión, Jacques Lecoq llegó a la convicción de que el gran teatro era aquel que implicaba al cuerpo en todo su conjunto: pelvis, plexo y cabeza simultáneamente.

Conocido por la Escuela Internacional de Teatro que lleva su nombre fundada en Paris en 1956, Jacques Lecoq ha sido uno de los hombres que más ha influido en el teatro contemporáneo y pasa por ser, después de Copeau, uno de los más grandes renovadores de la escena francesa e internacional aunque su personalidad y voluntad pedagógica le mantiene en la sombra de muchas carreras espectaculares.

Tenía visión y un concepto demasiado exigente del hombre como para no conducir a sus alumnos más que a las puertas de los teatros. Actores como Geoffrey Rush, Steven Berkoff, Albert Vidal, Toni Alba; los directores Luc Bondy, William Kentrige, Jorge Lavelli, Ariane Mnouchkine, Christoph Marthaler y Joan Font; compañías que nacen en su propia escuela como Théâtre de Complicité, Footsbarn y Mummenschanz; los escritores Jasmina Reza, Eduardo Manet y Michel Azama; ha formado a bailarines, coreógrafos, arquitectos, escenógrafos, psicoanalistas e incluso a un pastor. Y también, cómo no, a pedagogos que continuan con esa labor de transmisión como Saidi Laasaâd en Bruselas, Philippe Gaulier en Paris y Londres, Berti Tovias en Barcelona o Giovanni Fusetti en Italia.

Cabría preguntarse ahora a qué se debe una proliferación tan diversa de creadores educados, nunca mejor dicho, por él, al recibir directamente en sus enseñanzas todo cuanto pudo estudiar y analizar sobre el cuerpo y la máscara, sus relaciones y el compromiso con respecto a la luz y al complejo espacio teatral.

Como antigua alumna suya desearía contestar a esa pregunta. Jacques Lecoq no era profesor de un método por lo que jamás imponía un estilo, muy al contrario de lo que algunos piensan. El no ofrecía soluciones ni daba recetas. Sin embargo, se hacía preguntas. Fue capaz de reconocer las leyes del movimiento a través del arte del mimo y los diferentes estilos teatrales íntimamente relacionados con él, reconocidos en la historia del teatro: teatro de objetos, teatro de máscaras expresivas, melodrama, tragedia, bufones, clowns, comedia del arte, estilos que exploró y analizó. Llegó a lo más esencial a través del estudio dinámico de todo lo que vive, de todo lo que se mueve. Fue esta necesidad de transmitir lo esencial, trabajando en y con la diferencia al integrar diversas culturas en su escuela, lo que le llevó a la creación de una metodología abierta e inteligente, también radical y pragmática en cuanto a las leyes universales del Movimiento con M y en cuanto a las leyes de la Vida.

Jacques Lecoq no separó jamás el teatro de la vida en su empeño por formar personas que “estuvieran bien tanto en la Vida como en el Arte”. Su espíritu puede verse reflejado en una de sus frases favoritas: “Un pedagogo no dice jamás: “Haced como yo”, sino: “Haced como vosotros”.

Lo que él hizo fue estudiar e investigar rigurosamente toda una tradición histórica y una forma pedagógica en la acción que pudiera permitir no sólo una mejor transmisión sino una mejor comprensión del teatro, sus leyes y su evolución.

A nadie como a él le agradezco tanto lo que me enseñó, mucho más que eso, agradezco todo lo que he podido descubrir y aprender a partir de lo que él me enseñó. El equilibrio del espacio, el ritmo y movimiento justos, sus leyes físicas y sus relaciones, el viaje a través de la Máscara Neutra, el estudio de los elementos, materias, colores y luces, plantas, animales y personajes, la excitante pantomima blanca, el teatro de objetos, el fascinante viaje a través de los estilos, el desarrollo de la imaginación a través de la exploración y el juego y, sobre todo las ganas de crear. Crear, recreando precisamente día a día la vida misma, la vida cotidiana.

Gracias, maestro, por haberme dado tanto; gracias por haberme abierto la puerta.

Ana Vázquez de Castro García

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