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INICIACIÓN AL SILENCIO

Con motivo del inicio del curso Intensivo de Teatro Físico-Gestual, hemos querido reflexionar sobre la importancia del silencio en la pedagogía y en la creación  dramática.

Nos gustaría que el lector no confunda el silencio como algo unido o exclusivo del mimo, o de un “teatro gestual” reducido a lo pantomímico. Es verdad que el mimo moderno se apoya en el silencio como punto de partida y devuelve al gesto una importancia que los discursos habían enterrado, pero el mimo vive en la profundidad del silencio, allí donde el gesto reemplaza a la palabra. En este sentido, toca lo más profundo de nosotros mismos; sus gestos hacen vivir los nuestros que, a menudo, no expresamos.

Pero hablamos del silencio como concepto clave para entender el arte dramático, como concepto clave para entender el gesto y la palabra a la vez, sin discrepancias, sin conflicto.

Entendemos de vital importancia que el actor se sitúe en un principio ante el silencio, y descubra preguntas como ¿ dónde nace el silencio? ¿qué prepara el silencio? ¿ cómo se permance en silencio?¿en qué se diferencia el silencio antes y después de la palabra? ¿nace el fondo de la  palabra de un silencio?.

Nos interesa el silencio, porque da vida a miradas nunca vistas, a gestos aún no ejecutados. Es en el silencio donde nace la calidad del gesto, de la acción  y de la palabra. Es en el silencio donde se preparan los impulsos que organizan el espacio interior, los ritmos que emergen con urgencia. La urgencia de la acción que nos moviliza enteramente requiere un silencio favorable a esta acción. El silencio se une a la concentración que favorece la acción posterior, el silencio después de la acción nos llevará a la reflexión, a la retención de uno mismo. 

Como decia el maestro Lecoq: ” Comenzamos por el silencio porque la palabra olvida las raíces de las que nació” “En todas las relaciones humanas aparecen dos grandes zonas silenciosas: antes y después de la palabra”.  “Sólo se sale de este silencio por dos  caminos: la palabra o la acción”

Y leyendo aquí y allá nos encontramos también con un libro magnífico escrito por Eusebio Calonge, “Orientaciones en el desierto”, donde el   artífice de la poética Zarandera, de esa sabiduría en poner palabras a la belleza del teatro, nos habla del silencio. Dice:

“Sólo en el silencio podremos oír la inaudible voz, el rumor de esta fuente del espíritu que nos fundamenta como creadores, es decir como propagadores del eco de ese manantial que surte en nuestras vidas la realidad trascendente.

La creación se tambalea si no es el silencio su más profundo cimiento. Sólo el silencio da profundidad a cada palabra y sin embargo es el silencio una de las mayores carencias con que nos encontramos hoy en nuestras vidas. Carencia que arrastramos y nos arrastra. Todo el arte dramático está ahogado en teorías, historicidad, métodos y estructuras, ruido y estruendo que apaga su germinación. La escucha del silencio, donde se da esa primera voz interior que los historiadores y teóricos parecen desconocer, es continuamente anegada con la enumeración de datos de quienes piensan con ideas hechas, empañando la memoria para ocultar las fuentes sensitivas.

El silencio es un estado en el cual el individuo toma conciencia de su unión con la divinidad, dice Kierkegaard. De esta unión que pone Gastón Baty en el origen de la historicidad del arte teatral, brotará la llamada, esa voz interior que no viene de ninguna garganta, ni la escucha ningún oído. Esa llamada que precede, ya que estaba presente en el silencio, a la respuesta. Esa voz cruzará por todo nuestro espíritu y recorrerá las fuentes sensitivas, como una semilla arraigada que abre la tierra, hasta reventar en un grito. Crear es gritar. “El grito sale del alma, es el alma”. Para florecer con ardientes palabras en nuestra conciencia. Será nuestra contestación entregada de nuevo a ese incandescente silencio, el principio del diálogo.

Sólo el silencio puede ser el origen. Sólo de él surgirá el grito de la palabra creadora. Sólo en él encontraremos voz a la que preguntaremos y que conformará el diálogo germinador de incógnitas que es toda creación. El que sabe hablar está iniciado en el silencio”

Esperemos que el silencio siga guiando nuestras acciones y palabras.

 

 

 

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