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Bufones y clowns, la filosofía de la risa a través de los siglos

La risa, el placer de reír, es una de las mayores necesidades del hombre justificada por la historia de la humanidad desde sus orígenes. El hombre siempre ha procurado distraerse de los sin sabores de su propia existencia, pero además ha sabido reconocer el valor catártico y terapéutico de la risa; a través de ella ha podido tener otra perspectiva, otra óptica que le ha llevado inevitablemente a un conocimiento mucho más profundo tanto de sí mismo como de su entorno.

Desde la antigüedad hasta nuestros días, entre los particulares como en la corte de los príncipes, en los conventos como en las plazas públicas, de los corredores abiertos a las antecámaras  imperiales, de la plaza del mercado a las instancias eclesiásticas y al teatro oficial, en las naciones civilizadas de Europa como en los pueblos semi-bárbaros de África ó de Oriente, vemos una serie de personajes, reidores de profesión, que  tomando diferentes formas, rostros y nombres, introducen la necesidad de provocar la risa. Son los cómicos. Son los bufones. Son los clowns.

¡Bufones y Clowns! Nada menos que la historia, y, en cierto modo, la filosofía de la risa a través de los siglos. Todos los que han tomado a su cargo la tarea de hacer reír, ora a sus señores, ora al público, comprendieron, que la alegría es necesaria a nuestra, en cierta manera, atormentada humanidad. Por este servicio han merecido siempre el reconocimiento de sus contemporáneos. Gracias a ellos existe la risa, el signo particular de la especie humana, que no ha cesado de sonar con ruidosas carcajadas a través de los siglos.

El bufón, el loco de todos los tiempos. Al principio un auténtico débil mental, objeto de colección de trofeos reales, convertido a través de los siglos, en el doble del rey, en su propia imagen grotesca. Suntuosamente mantenido, asume la pesada tarea de divertir al soberano, sólo él tiene el derecho de decirle la verdad. Y es aquí donde aparece una de las características más importantes de todo bufón: invertir el orden del poder, invertir el orden lógico de las cosas,  a través de la irreverencia y el caos, de una forma súbita y violenta, pero esa inversión rebela también una crítica  y una denuncia mordaz  sobre la sociedad en la que vivimos  y el orden establecido.

P. Gaulier sostiene que los bufones, como los marginados, han sido violentamente apartados y alejados de la sociedad, habiéndoles provocado este hecho un enorme sufrimiento,  por lo que vienen a este mundo de estultos y locos que representamos ante sus ojos, -el público-, para denunciar y burlarse, para hacer una parodia de todos los valores políticos, religiosos y sociales establecidos por la humanidad.

Los clowns y bufones revelan asombrosas analogías a lo largo de la historia: máscaras, maquillaje, comportamientos y práctica de la danza, el mimo, la acrobacia y los malabares. Pero también diferencias, distancias. El bufón viene a este mundo para criticar nuestra sociedad, nuestro orden y esclavitud, el bufón se burla de nosotros para que entendamos cual es nuestra sociedad, la golpea, la parodia y la invierte.

El clown por otra parte nos regala su ser interior para que nos riamos de él, con él, pero aun no siendo una crítica directa y despiadada como la del bufón, el clown nos rebela nuestro interior, nuestra vulnerabilidad. No busca tampoco cambiar el rumbo de las cosas, es en otra parte donde se inscribe su protesta: en el silencio, en el fuego de los signos, en la ilusión disfrazada donde se afirma su adhesión al despertar general del mundo; lo atraviesa y lo provoca, se mofa y burla de él; lo demuele, le pone sentido a lo que no lo tiene y lo reconstruye a su manera, como sólo lo saben hacer los poetas y los niños.

El clown ese ser único, simplemente por  tomarse la libertad de atreverse a ser, que provoca un vivo interés en aquello que no sabe o no puede hacer, allí donde él es débil. Aquello que habitualmente se esconde, el clown lo acepta y muestra públicamente tal como es, mostrando lo invisible, aquello que está escondido detrás de la primera imagen aparente.

Siempre verdaderos, individuales e irrepetibles funciona como espejo de nuestro ser interior, aquel que no vemos o no queremos ver.

Ser clown o ser un bufón es una profesión de fe y generosidad que reside en la habilidad de dar, mediante la reflexión profunda del individuo y su entorno; ser un bufón, ser un clown, ser un cómico, un actor, saltimbanqui, juglar o trovador , significa una declarada toma de posición ante la sociedad. Provocar la risa es la base de su profesión, activar el pensamiento es  su fin, su vocación es siempre liberadora y su función social ha sido reconocida en todas las épocas y culturas.

Gracias a Dario Fo, R. Devos, Leo Bassi, Grock, Popov, los Colombaioni,  Charlie Rivel, Chaplin, Keaton, Harold Lloyd, Laurel y Hardy, los hermanos Marx, Jerry Lewis, Cantinflas, Woody Allen, Tati, Benigni y tantos y tantos clowns y bufones,  maestros de la comedia, de la risa y del ser humano.

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