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A propósito de la “Medea” de Eurípides

 (AITANA SÁNCHEZ-GIJÓN, MEDEA EN EL ÚLTIMO MONTAJE DE ANDRÉS LIMA, DE VISITA EN LA ESCUELA)

 

¿Quién es Medea? O más bien, ¿Qué es Medea? No se puede, o por lo menos yo no he podido, entender la Medea de Eurípides sin sumergirme mínimamente en el contexto histórico-cultural en que fue escrita por el gran trágico.

Cuando Grecia estaba atravesando por uno de sus peores momentos políticos que finalmente acabaría con la fatídica Guerra del Peloponeso, una cruenta guerra civil que supondría la decadencia y fin del imperio ateniense, provocada por la ruptura del Tratado de Paz de los Treinta Años, Eurípides ganaba, tan sólo unos meses antes, el tercer premio de las Dionisíacas de aquel año (431 a.C) con su Medea.

Leo y releo su texto y cada vez puedo establecer más paralelismos contextuales entre  el texto dramático y el período histórico que se estaba atravesando cuando fue escrito y representado. Eurípides nos habla de la guerra que está a punto de estallar a través de su obra. El personaje de Medea de Eurípides que yo percibo, es el de un símbolo. Medea como símbolo de una guerra declarada con un detonante coincidente con lo que estaba ocurriendo en Grecia en ese mismo tiempo: la ruptura de los pactos sagrados, los del matrimonio en este caso y el del Tratado del pacto de Paz de los Treinta Años, en el otro (en definitiva, esos que no deben ser violados). Como consecuencia, la devastación, la destrucción total de la guerra encarnada en piel de mujer que se lleva por delante lo más sagrado, la vida de los inocentes.

Eurípides se sirve del mito, aprovecha la magnitud del personaje de Medea para hacer visible el camino irreversible que lleva al Desastre: la traición, el odio descontrolado, la frialdad para diseñar una estrategia de ataque, la animalidad de la violencia o el inmenso dolor de las consecuencias. Traza un mapa de acontecimientos en su tragedia, un mapa claramente bélico y siento que como maestro y crítico en su momento, su Medea ha viajado a lo largo de estos dos mil quinientos años para seguir recordándonos el dolor del Horror, como si fuese algo no aprendido. Una constante cíclica, que nos hace repetir los mismos errores que nos conduce a una Medea constante. Y este es el camino hacia mi Medea.

La atracción que siento por esa mujer, como insecto que va hacia la luz de una bombilla, me ha llevado muchos quebraderos de cabeza hasta entender que necesitaba hacerla trascender porque cuanto más se me antoja como personaje meramente carnal, siento que se aleja cada vez más de mi inspiración. El valor simbólico en cambio, me la devuelve llena de sentido, fuerte y firme, llena de razones, poderosa como Eurípides la describe y curiosamente, con más humanidad. Entiendo que Eurípides habla de un episodio de una vida privada, de una historia de amor o desamor pero creo que es necesario entender, o al menos yo he necesitado entenderlo como pretexto para dejar un legado más significativo, una crítica al Horror de cualquier guerra con todo lo que conlleva, desde su germen hasta las últimas consecuencias. Un tema que es tan amplio y  tan complejo como las múltiples caras que tiene Medea.

Ahora es cuestión de elegir…

Coral Ros (Actriz y alumna de Dirección de Escena en la Escuela Internacional del Gesto).

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